Poema #2

Esa voz cazallera casi extranjera a mis oídos

Las sibilantes palabras de amor

Salían de sus mojados labios como balas 

Escopetas de doble cañón 

Desprecio y atracción

En las orillas de sus ojos se cercaba el mar de sus iris

Desbordantes en fuego 

Pestañas que oxean las moscas de la muerte

Con valentía y curiosidad 

Arrugas de arena ardiente

Las rocosas de sus pómulos 

Quemadas por el sol del Colorado

Lunares y manchas

Mapas rasgados por mis dedos

Clavos de uñas en su espalda 

La cruz que pedí llevar

De rodillas ante su columna de mármol dorado

Que debes besar para poder acceder

A esa pequeña muerte

Verlo temblar si quiera

Un dios de bolsillo

Cuyas condenas no podía escuchar

Mandamientos silenciados por sus férreas rodillas

Los muslos que susurraban en mis orejas

Seguir 

Continuar

Mis rezos callados 

Ahogados 

El camino se hizo angosto

El dios cayó en sigilo

El tumulto de su pelo

Los clavos 

Apriétalos dijo

Y nos clavamos en la misma madera 

Los dos en aquella noche de penitencia

Para que ninguno pudiese huir

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Alphonse

You used to greet me 

Whenever we met

With an evohé Angelita

For my birthday you were always the one with the best message

The best sex 

The best despair we loved to share

You knew about Greece and Morocco

You told me you kissed a boy

Holding tight his Corinthian column

You knew so much

About everything

Anything seemed small comparing to you

Even grocery shopping was exhilarating 

The summer came always too late

I remember you 

Buying cheap chocolate

Putting a piece of it into your mouth

Letting your hot saliva melting it

Then kissing me

So sweet it gave me a toothache

You stood there in bed by my side

Holding me so tight

Telling me about snails making love

Their sexual apparatus

Stories of cephalopoda 

You promised you would never leave me

Because you knew how much I love a good lie

And you stood there 

And when I woke up the pain was gone

And so were you

And I followed the trace 

All over the sheets

Of that chocolate poured out of your mouth

It was summer and I had to change the sheets

To keep the ants away

Poem #1

I will give you

My love and my wrath

To the cherry wooden cabinets

In the kitchen where we first made

Flour everywhere

Love with no condition

The tangerines were rotten on the table

Almost as sweet as your hands

Even sweeter

The sunbeams piercing the curtains

Your cigarette forever burning

My skin never learnt

To get out of the ocean

When the salt hurt the wounds

All the blood

All we bleed

My love and my wrath

I will give it to you again

Like the first day

Trembling through the veins of your hands

Each caress

Each touch of pain

Sweeter

Rotten now

Gone

Like the tangerines

My breasts still remember your name

Ulises en el desierto Americano

Reseña Paris, Texas

Un acorde de guitarra, súbito y violento, rompe el silencio del espacio abierto del desierto de Texas. Una simbiosis perfecta entre música e imagen. Un hombre, en estado catatónico, camina sin rumbo, errante, inmerso en el no-espacio del desierto. Así comienza la obra de Wim Wenders Paris, Texas.

La película tiene una estructura circular al igual que los relatos míticos. El viaje inaugural de Travis (el protagonista) por el desierto, al inicio de la película, y su partida en busca de un destino incierto, forman el principio y final de la historia, en la que el protagonista lleva a cabo un proceso de aprendizaje buscando su propia identidad y reuniendo a su familia.

Una película imprescindible que mezcla el drama con el género road movie, todo acompañado de la guitarra acústica de Ry Cooder, que rompe el silencio del desierto americano y del héroe que lo recorre.

Magistralmente interpretada por Harry Dean Stanton, Paris, Texas nos introduce a Travis, que al igual que los héroes de los Westerns (como en la película de John Ford Centauros del desierto,1956) vaga sin rumbo por un espacio sin colonizar, como el Ulises que regresa de entre los muertos, aunque aquí no hay una Ítaca a la que volver ni una Penélope que le espera.

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Ilusos los Ulises

Siempre, después de un viaje,
una mirada terca se aferra a lo que busca,
y es un hueco sombrío, una luz pavorosa
tan sólo lo que tocan los ojos del que vuelve.
Fidelidad, afán inútil.
¿Quién tuvo la arrogancia de intentarte?
Nadie ha sido capaz
—ni aún los que han muerto—
de destejer la trama
de los días.

Ángel González

“Mis amigas las truchas”, publicado en 1977 constituye un caso excepcional dentro de la narrativa española de la época, no sólo por su temática, sino también por el compromiso ético y preocupación medioambiental que su autor manifiesta con el medio rural, algo único y reseñable si lo enmarcamos en el contexto histórico de una España en transición y desarrollista, donde aún no se había extendido una política medioambiental ni una sensibilidad ecológica, como ya ocurría en otros países del entorno europeo.

Esta obra conforma también una rareza dentro de la extensa obra de Miguel Delibes, de quién es más conocida su faceta como cazador (“Soy un cazador que escribe” se definía) vertida en obras como “Con la escopeta al hombro” (1970), “Las perdices del Domingo” (1981) o “El último coto” (1992) entre otros.

Escrito como un diario, un block de notas que nos cuenta las historias de un pescador de ribera en sus salidas de pesca abarcando del año 1972 a 1976, anotando lo que sucedía en cada una de las jornadas que dedicaba a la pesca de las truchas por ríos castellanos. Pero no sólo encontramos una descripción de las técnicas de pesca de la época, o el análisis de la flora y fauna de las riberas; sino que queda plasmado el paisaje y las gentes que lo habitan, con una brillante descripción de los individuos que compartían la misma afición, la forma de actuar, pensar y de hablar de una época. Narrado sin omisiones, de forma íntima y familiar, alejado del hermetismo que en muchas ocasiones va irremediablemente unido a esta práctica (“el pescador no ve un amigo en otro pescador que surge en el primer recodo del río sino a un adversario”).

Con un nexo en común pero alejado en el tiempo y espacio, Richard Brautigan menciona en uno de sus libros más conocidos a las truchas. En “La pesca de la trucha en América” (1967) asistimos a un viaje a través del territorio americano, diferente a aquél que recorriera Delibes en su libro pero unidos por el cariño y respeto hacia los ríos y la pesca, donde Brautigan encuentra su patria perdida, cuando era niño y se sentía feliz y libre jugando y aprendiendo en los cauces de los ríos, en los salvajes parajes del estado de Washington, donde establece una recuperación poética de lugares y anécdotas de la infancia y la juventud, y mezcla el espacio, el tiempo y la memoria.

delibesbrautigan

“La D es muda”

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Reseña Django Desencadenado

Django. La D es muda, al contrario que los prejuicios raciales que se ven en el film. Una historia cruel que nos sitúa en un pasado no muy lejano donde los negros eran tratados peor que animales. Es también una historia de superación personal, amistad, amor, y venganza, donde Tarantino, al igual que en otros de sus films, recurre al uso explícito de la violencia como factor para llegar al espectador, creando un clima de angustia y tensión, un relato violento que culmina en una catarsis final, donde el espectador rendido ya ante la historia del protagonista se identifica plenamente con este. El film es capaz de remover conciencias y de hacer una analogía inconsciente hacia los problemas raciales existentes hoy en día, que si bien no son tan explícitos como en la película, subyacen en la sociedad actual.

El film ha recibido duras críticas por un uso excesivo o indebido de la violencia. Para algunos emplea este recurso de forma gratuita, en torno a temas delicados como el holocausto (Malditos Bastardos) o la esclavitud, sin embargo este recurso ha sido empleado en el cine como manera de impactar al espectador sobre estas cuestiones, como hicieran otros directores como Sergio Leone o Sam Peckinpah, a quienes Tarantino homenajea en su última película. Aunque bien pudiera parecer que Tarantino, más que pensar en el efecto que puede causar en el espectador, rueda las películas que a él le gustaría ver, sin atenerse a otras premisas didácticas, ni pretender dar lecciones históricas, siendo lo que es, una película, una obra de ficción y no un documental.

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La Tregua

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En «La Tregua» de Mario Benedetti, a través del diario personal de Martín Santomé, asistimos al devenir de un hombre vulgar en la ciudad de Montevideo, un funcionario viudo, obsesionado con el trabajo, monótono, previsible y cuya próxima jubilación marcará un punto de inflexión en su plana existencia, la etapa final de su vida…sin embargo, este ambiente melancólico y gris se rompe inesperadamente; el amor que siente por Laura Avellaneda cambia, temporalmente, una vida que parecía ya condenada a la soledad, un amor a través del cual es capaz de redimir todas sus vulgaridades y defectos, que sin embargo será solo un espejismo de felicidad, un regalo, una esperanza, la última oportunidad que Martín tuvo para sentirse realmente vivo, la última tregua que la vida le otorgó, antes de sumirse sin esperanza ni motivaciones, definitivamente, en la soledad.

Una novela imprescindible, que aunque pesimista y dura, pervive en la memoria, hablando de manera cercana del amor como redención de la soledad, de lo efímero de la felicidad y también de la crueldad del destino.