Poema #2

Esa voz cazallera casi extranjera a mis oídos

Las sibilantes palabras de amor

Salían de sus mojados labios como balas 

Escopetas de doble cañón 

Desprecio y atracción

En las orillas de sus ojos se cercaba el mar de sus iris

Desbordantes en fuego 

Pestañas que oxean las moscas de la muerte

Con valentía y curiosidad 

Arrugas de arena ardiente

Las rocosas de sus pómulos 

Quemadas por el sol del Colorado

Lunares y manchas

Mapas rasgados por mis dedos

Clavos de uñas en su espalda 

La cruz que pedí llevar

De rodillas ante su columna de mármol dorado

Que debes besar para poder acceder

A esa pequeña muerte

Verlo temblar si quiera

Un dios de bolsillo

Cuyas condenas no podía escuchar

Mandamientos silenciados por sus férreas rodillas

Los muslos que susurraban en mis orejas

Seguir 

Continuar

Mis rezos callados 

Ahogados 

El camino se hizo angosto

El dios cayó en sigilo

El tumulto de su pelo

Los clavos 

Apriétalos dijo

Y nos clavamos en la misma madera 

Los dos en aquella noche de penitencia

Para que ninguno pudiese huir

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